El año pasado, la incertidumbre, la desazón, la intranquilidad… en una palabra, el miedo estaba a la orden del día. «¿Y ora, qué?, ¿pa’onde?, ¿cómo?», me preguntaba. Con mil y un compromisos económicos (entiéndase deudas) encima, atareada, cansada, en el mar de la confusión y sin esperanza. Así, así me encontraba.
De pronto, como si hubieran surgido de la nada, llegaron las oportunidades. Corrijo. No llegaron. La neta es que las busqué. Lo que me sorprende, es lo fácil que se dejaron encontrar las méndigas. Pero, aparte, me emociona que lo hicieran en montón, y bien (¡chido!).
Ahora sí mi Zihuatl, la pistolita ya tronó. Las clases, los proyectos de investigación, la coordinación de programas de educación, más clases por allá, el changarro, el movimiento y —próximamente— la panzota te demandan. ¿Será que puedes con el paquete?
¡Aguevo!
De pronto, como si hubieran surgido de la nada, llegaron las oportunidades. Corrijo. No llegaron. La neta es que las busqué. Lo que me sorprende, es lo fácil que se dejaron encontrar las méndigas. Pero, aparte, me emociona que lo hicieran en montón, y bien (¡chido!).
Ahora sí mi Zihuatl, la pistolita ya tronó. Las clases, los proyectos de investigación, la coordinación de programas de educación, más clases por allá, el changarro, el movimiento y —próximamente— la panzota te demandan. ¿Será que puedes con el paquete?
¡Aguevo!

+editada.jpg)

