martes, febrero 21, 2006

A ver si como roncas duermes

El año pasado, la incertidumbre, la desazón, la intranquilidad… en una palabra, el miedo estaba a la orden del día. «¿Y ora, qué?, ¿pa’onde?, ¿cómo?», me preguntaba. Con mil y un compromisos económicos (entiéndase deudas) encima, atareada, cansada, en el mar de la confusión y sin esperanza. Así, así me encontraba.

De pronto, como si hubieran surgido de la nada, llegaron las oportunidades. Corrijo. No llegaron. La neta es que las busqué. Lo que me sorprende, es lo fácil que se dejaron encontrar las méndigas. Pero, aparte, me emociona que lo hicieran en montón, y bien (¡chido!).

Ahora sí mi Zihuatl, la pistolita ya tronó. Las clases, los proyectos de investigación, la coordinación de programas de educación, más clases por allá, el changarro, el movimiento y —próximamente— la panzota te demandan. ¿Será que puedes con el paquete?

¡Aguevo!

lunes, febrero 20, 2006

¿17?, ¿2?

Lo cierto es que parecen TODOS. Y a las galletas de animalitos, cuando más se les necesita, no se les ocurre asomar las narices.

miércoles, febrero 08, 2006

Daltonismo

«Que alguien me explique» —diría el buen Moncho—. No entiendo por qué, cuando me pongo a hacer números, éstos aparecen en rojo (¿ya ven?). He comprado plumas de todos los colores, he cambiado de cuadernos a lo bestia, hasta he usado diferentes programas en la compu, y nada. Los méndigos, tan coloradotes cual manzanas. ¿Será que soy daltónica? Será el sereno. Lo cierto es que, si las restas —que no sumas— fueron mi coco durante la primaria, ahora me he vuelto un as con ellas.
Pero no es nada nuevo, siempre he tenido broncas con la lana. Parece que cuando nací, ya venía hipotecada. Y no me refiero sólo a que tenga la vida prestada, sino a que siempre he vivido de prestado. Los dulces que me comí cuando niña. Las tortas que me receté en los recreos. Los camiones que tomé para desplazarme. Los tres libros que leí y que fueron a parar a la repisa de mi sala. El coche que me lleva y me trae (y otras cositas, je). La casa que me alberga. La ropa deshilachada que me viste. La máquina a la que le estoy contando esto. La comida que me mantiene con vida. Las chelas… Todo, absolutamente todo lo material que he tenido, ha sido gracias al crédito. Los préstamos de los compas, de la familia, del galán, del banco o de las tiendas han hecho posible mi permanencia en este mundo. Un mundo que, para colmo, también me prestaron. Chale.

viernes, febrero 03, 2006

Ora, ora

Esa mi Camila,
nomás sin insultar,
pos ¿qué pues, pues?

¡Ma moyolikatzin!